Francisco de Venanzi: Su lucha titánica por la conceptualizacion de la Ciencia, como su verde caballo

Gustavo Benítez Pérez1 , Leonel Salazar Reyes-Zumeta2 ,
Elsa Valentina Herrera3 , Abigail Gómez Bello4 , Carlos Fernández5

RECIBIDO: 3 DICIEMBRE 2024
ACEPTADO: 27 DICIEMBRE 2024


  1. Profesor Titular, Universidad Central de Venezuela, ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1689-2237 [email protected]
  2. Profesor Agregado, Universidad Central de Venezuela, ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1716-7950 [email protected]
  3. Hospital Universitario de Caracas, ORCID: https://orcid.org/0009-0007-2693-4230 [email protected]
  4. Hospital Universitario de Caracas, ORCID: https://orcid.org/0009-0000-0738-5979 [email protected]
  5. Hospital Universitario de Caracas, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4030-9673 [email protected]

Ciencia y filosofía

La inquietud de saber orienta definitivamente hacia la preocupación filosófica. Sin entrar a discutir la mayor o menor solidez del empirismo, es necesario reconocer el fundamental aporte de la ciencia en la posición del hombre pensante ante las grandes interrogantes que lo han preocupado en todos los tiempos. La investigación científica ha permitido crear hipótesis interpretativas e ir modelando con su esfuerzo los esquemas imaginativos. ¡Cuántos hombres de ciencia no han hecho aportes substanciales a la filosofía! Incluso las personas que actúan al nivel tecnológico – como lo ha puesto en evidencia Brinkman- han hecho contribuciones de indiscutible mérito.

Esa tendencia natural a la consideración del problema metafísico, que es secuela lógica de la investigación científica, ha de estimularse para dar a la obra del investigador su máximo brillo intelectual. Al respecto, las autoridades universitarias han planteado a la facultad de Humanidades y Educación la conveniencia de establecer un programa de acción en coordinación con la naciente Facultad de Ciencias con vistas a asegurar una perspectiva filosófica a los futuros científicos venezolanos.

Francisco De Venanzi.
Instalación de la Facultad de Ciencias, Caracas, 13-III-1958.
(Universidad Central de Venezuela, 1988a: 173-174)

En la ciudad Universitaria se ve con cierta frecuencia al estudiante que apoya los pies en un mural o en un revestimiento valioso, que se sienta en el respaldar de los bancos rayando inmisericordemente el asiento, o que se limpia el calzado con las modestas cortinas de las ventanas de las residencias, colocadas con gran esfuerzo para dar calor humano a las habitaciones. Estamos lejos de creer, naturalmente, que este estado de cosas sea inmutable y no sea susceptible de ser modificado favorablemente. En efecto, tenemos plena confianza en el valor de la educación.

Francisco De Venanzi. “La educación estética del pueblo”.
Tomo II, P. 186-189. 20/01/1965.

Francisco De Venanzi desarrolló, planificó y plasmó, la educación superior en Venezuela. Es el Diseñador Escolástico de la Universidad Venezolana actual, proyectó hacia su modernización científica, humanística y tecnológica, a la Universidad Central de Venezuela. Quiso convertir a la UCV en un centro para el debate crítico que genera y aplicará conocimientos de validación universal. Este palpitante discurso fue pronunciado el 4 de febrero de 1958 bajo una gran expectativa de progreso universitario, se inauguraba el Aula Magna. Era el momento para el gran debate que exigía la nación en la definición de su vector como sociedad moderna y para decir “las palabras nunca dichas del pensamiento democrático” (De Venanzi, 1961). En la apertura de las actividades universitarias pronunció su discurso en el que dejó expresado su ideal de Universidad, y señaló los pasos que debía seguir la UCV para que pudiera incorporarse a la estructura académico-científica mundial, como un centro generador de conocimiento científico de gran calidad.”

Explicó la autonomía universitaria y trajo a la palestra la intervención militar que atropelló a la UCV en 1951, cuando fue allanada y clausurada por el gobierno militar de Pérez Jiménez. Plasmó el estado en que se encontraba la universidad y los universitarios, privados de libertad para la investigación científica, la docencia, la producción competitiva, y, la generación y creación de conocimientos propios. “Se quejaba de una marcada disminución de la calidad de la función docente y de investigación dentro del Claustro”. Habló de los profesores faltos de mística, profundamente dividido por razones políticas en bandos cada vez más diferenciados con menor disposición a la reconciliación y al trabajo”.

Para ingresar a la UCV, (Bifano, 2008: 05-42) se pagaba una matrícula onerosa, lo que la transformaba en una institución impopular. Esta condición no se debía a la falta de deseo o ambición ciudadana, sino fundamentalmente, a su pobreza y a la marcada exclusión. La Universidad era un mundo separado de una Venezuela que aumentaba agigantadamente. La oferta del nuevo sistema democrático pasaba por expandir la Universidad y masifica todas sus estructuras. La reestructuración era absolutamente necesaria. Había que abrir la Universidad y ponerla al servicio del nuevo Estado para satisfacer sus enormes expectativas democráticas e igualitarias. De impopular, la Universidad debía convertirse en lo contrario, una institución abierta, masiva y pública, una institución para el pueblo. A este proceso se conoció como la masificación universitaria. (De Venanzi, 1961)

Manejar este proceso de masificación en concordancia con su ideal de “calidad académica”, basado en un criterio de excelencia amparado en principios de competividad universal. Consciente de que todo proceso implica la reducción de resultados académicos, persistió en la defensa de la necesaria calidad amparada en los valores universitarios de competividad.

La Universidad debe ser un centro de activa creación, original de ciencia y conocimiento, la masificación de la Universidad, la ampliación de la matricula estudiantil y profesoral, no debía ser un obstáculo para el alcance de la excelencia. Era el momento de elevar la efectividad académica, tenía que hacerse con el apoyo de la sociedad en su conjunto, principalmente del Estado, en un momento en que el tiempo era el peor obstáculo, pues los cambios debían hacerse para ya, ya que los resultados eran apremiantes (Universidad Central de Venezuela, 1988a, 1988b; De Venanzi, 1961, 1969)

En lo académico propuso darle un gran impulso al funcionamiento de las facultades de Humanidades y Educación, organizar, definitivamente, la Facultad de Ciencias. Pensaba en la investigación científica como un poderoso medio para sobreponerse a la crisis, manteniendo, como se ha dicho ya, altos niveles de excelencia académica. Su preocupación en lo concerniente a la docencia se evidenció en la necesidad de modernizar los pénsum de estudios, poniendo gran empeño en el trabajo práctico individual y así concebir una enseñanza que estimula la iniciativa del estudiante.

De Venanzi creía firmemente en el valor del individuo y de sus posibilidades para cambiar al colectivo. Creía en el individuo como agente de cambio para la transformación de la sociedad contemporánea.

La reorganización de la Universidad implicaba, construir una nueva. “La Universidad nueva” debía poseer una comuna de investigadores, un grupo de venezolanos y extranjeros que asumieran el compromiso de hacer ciencia, para así contribuir a la solución de las innumerables impedimentos de una sociedad en crecimiento y cambio. Para esto se debía formar personal a tiempo completo, seleccionar los “mejores” estudiantes.” Para que se incorporaran como docentes luego de formarlas en el exterior (Bifano, 2008: 05-42).

Creyó en las ventajas de la ciencia y su importancia como agente de transformación social y cultural, esta actitud lo presenta como un hombre esperanzado en la ciencia y sus logros. El mundo conocido se dividió en dos polos de poder ideológicamente diferenciados, pero equilibrado en la concepción de la utilidad estratégica de la ciencia y la tecnología, un conflicto por el poder en que el manejo de la ciencia y del conocimiento científico fue factor importantísimo en esta etapa.

En 1958, la discusión entre científicos a nivel mundial se publicaba a la forma que permitía lograr el máximo de felicidad para el hombre compartían la idea de que la ciencia y su evolución iban en detrimento de la utópica felicidad humana, pues la estaba llevando a su destrucción. Existía un profundo temor por la esclavización del hombre por la máquina. Esto no es nuevo, sin embargo, durante este período de nuestra historia del presente, el miedo por la automatización del mundo aumentó de manera abrumadora. Aparecieron las palabras: cibernética (Wiener, 1958: 181).), robótica, automatización, energía atómica, microscopio electrónico, carrera espacial, era el inicio de la nueva lucha hombre-máquina, que tanto ha preocupado a la humanidad.

Francisco De Venanzi refería que, la ciencia, había logrado ampliar el horizonte de felicidad del hombre, pues es, en sí misma, como expresión de la búsqueda honesta de la verdad, un factor primordial de superación espiritual. Su pensamiento y la posterior proyección en la política científica universitaria venezolana, giraban en torno a esta frase.( Universidad Central de Venezuela, 1988a, 1988b; Bifano, 2008)

De Venanzi le dio valor al método científico, desarrollo el plan que aproxima al científico a la búsqueda de la verdad, el cual es imprescindible la honestidad, entendida como principio en la superación espiritual del ser humano. (Universidad Central de Venezuela, 1988a, 1988b; Bifano, 2008).

La ciencia es una filosofía de vida en donde la libertad de investigar, crear y construir se convierte en lo positivo para la superación espiritual del hombre. Se basó en la reorganización universitaria en la ciencia, la investigación y la docencia creativa. Con esto la universidad cumplía la máxima función posible: formar ciudadanos capaces de vivir en libertad y en democracia. El desarrollo científico, debidamente basado en una sólida estructura ética y ciudadana, hacia garantizar la democracia en Venezuela (Universidad Central de Venezuela, 1988a, 1988b; Bifano, 2008).

Explicaba,

La ciencia: por su orientación hacia la objetividad, su estímulo a la crítica, su tendencia a la tolerancia y al respeto de la opinión ajena, facilita la práctica de la democracia, la conciencia crítica se define a partir de la práctica del método científico era el sostén del sistema de libertades democráticas que se presentaba en el país. Se entendía que la ciencia y su praxis, la investigación, podían colaborar en la formación de un ciudadano libre.

El desarrollo científico es un requerimiento absoluto para la independencia económica de la nación (Universidad Central de Venezuela, 1988a, 1988b; Bifano, 2008; De Venanzi, 2021). La función del programa científico de De Venanzi, consistía: por un lado, la generación de ciudadanos críticos y libres y, por otra la idea de soberanía nacional, como la no dependencia del país técnica ni científicamente de los centros desarrollados de poder, el proyecto presentaba otra función para la Universidad. Además de luchar por la ciencia y la cultura, la Universidad debe irradiar su razón de ser a la mayoría de la población venezolana.

Nuestra institución debe hacer un máximo esfuerzo para enseñar a la población cómo debe usar sus garantías constitucionales y cuándo éstas están en peligro.

Por eso se habla hoy día de la revolución científica como una de las estrategias básicas a cumplir en los países subdesarrollados para lograr la liberación de la necesidad y alcanzar un perfil de soberanía e independencia (De Venanzi, 1969).

La revolución científica (De Venanzi, 1969; Beveridge, 1973) “se manifestaba en la aceleración de las políticas que dieran impulso a la actividad científica y tecnológica, debía llevarse en dos frentes, que están por lo demás íntimamente relacionados (Universidad Central de Venezuela, 1988a). La formación de personal científico y técnico (Universidad Central de Venezuela, 1988b); y, El desarrollo de la investigación.

En la formación del personal haría el papel principal las universidades y centros superiores de estudio. Ello implicaba un mejoramiento de los recursos con que contaban estas instituciones y la apertura de nuevos organismos y dependencias que pudieran intensificar la labor docente. Para estos objetivos se entendía que había que pasar por un proceso difícil en Venezuela aún genera una gran antipatía . Es a la selección de los mejores y más competentes profesionales para cumplir funciones académicas .luego haremos algunos comentarios sobre esta actitud tan común en nuestra sociedad, pues, en algunos casos, permea en el ambiente universitario. Por ahora vale adelantar que la «selección» es considerada contraria a la «igualación». Seleccionar se entiende como discriminar y eso atenta en contra de la noción de democracia. De todo punto de vista, esta actitud es nociva para cualquier sociedad que busca la superación de circunstancias que le son adversas. A la selección del personal idóneo, la dedicación exclusiva a sus tareas, la fijación de remuneraciones adecuadas y la provisión de facilidades materiales, dotaciones, instrumentos y espacio (Universidad Central de Venezuela, 1988b)

En cuanto a la investigación científica, la preocupación era mayor, pues, en sus palabras estamos todavía más atrasados que en el de la formación de profesionales. Sus labores encontraban con frecuencia incomprensión y todo tipo de obstáculos personales e institucionales.

En la UCV, multitud de proyectos de interés que presentan los profesores a consideración para lograr ayuda, se quedan estancados por falta de fondos. Una distribución racional y justa de recursos daría a la investigación un Impulso considerable. Hay toda una gama de tipos de investigación cuyo estímulo redundaría en definido progreso cultural y material para la colectividad, desde los aspectos más rudimentarios del establecimiento de normas industriales, resolución industriales, resolución de los problemas que confrontan las industrias, hasta el estudio de los recursos naturales, los problemas sociales y de )salud y la investigación desinteresada (Bifano, 2008).

La situación de la actividad científica en la universidad era poco menos que inexistente. Era preciso definir la política científica que impulsará el fomento de esta actividad. La función le correspondía al Estado venezolano, entendido como el principal responsable de la puesta en práctica de una política que diera resultados efectivos.

De Venanzi tenía la idea de crear los consejos de desarrollo científico, tanto en la Universidad como a nivel del Estado, que estimularan y coordinaran la investigación y la formación del personal para el cambio investigativo (De Venanzi, 1978; APIU et alter, 1988; De Venanzi, 1965).

Las nuevas interrogantes vienen a ser: 1) ¿Quién determina los criterios de selección del personal? 2) ¿Qué significa hacer investigación y cuáles son sus objetivos?, y, 3) ¿Bajo qué parámetros se puede estructurar una política científica universitaria? Estos cuestionamientos encuentran su respuesta en el pensamiento de Francisco De Venanzi. Como impulsor de la Universidad moderna, tenía una visión de lo que debía ser la institución y, sobre todo, el sentido y propósito de la actividad investigativa.

Basó su pensamiento, sobre el objetivo y función de la ciencia, basado en su concepción de progreso y de revolución científica. Está muy claro en su pensamiento que el concepto de ciencia cambia en el tiempo y, por ende, el de la verdad que esta genera. Así explicó:

la ciencia había transitado de la simple expresión de un anbelo de saber, a una actividad que permeabiliza todas las gestiones de la vida diaria y ejerce un permanente influjo sobre la manera de pensar. Esta consecuencia, invasiva de la actividad científica, es la causa del cambio social que caracteriza a la era moderna y se identifica en forma indisoluble con el complejo evolutivo que viene a ser el progreso. (De Venanzi, 1969)

De Venanzi no está asociado directamente con el desarrollo de la actividad científico técnica. Está limitado a la idea de mejora material. Era un crítico de la idea que constriñe al progreso a una exponencial acumulación de elementos y conocimientos.

Entendía la actividad científica como un factor esencial para el logro del progreso, una opción integral del mismo va más allá de lo que pueda alcanzarse mediante el avance científico. Esta doble competencia de la ciencia lo llevó a establecer la importancia de concienciar el progreso en los órdenes material y moral.

Asumía el progreso como una secuencia de pasos proyectados exponencialmente que suman para alcanzar un determinado fin. La imagen de una escalera sirve para ilustrar el fondo de este planteamiento. En este sentido, cada escalón representa un estadio superior, de tal forma que subir significa evolucionar. Es cierto que cada escalón simboliza un contexto complejo que merece detenimiento por su especificad, pero lo esencial del planteamiento es entender que al subir se superan las condiciones adversas presentes en el estadio inferior (De Venanzi, 1969)

La forma de concebir al progreso era aplicable a la sociedad, entendiendo que la superación de contextos atrasados podría alcanzarse a través del desarrollo e implantación de planes apropiados. Por tanto, para los países subdesarrollados nada podía ser pertinente que la aplicación de los fundamentos del progreso. En este sentido, el camino esta trazado “Los países subdesarrollados despertando de su letargo se orientan hacia la revolución industrial y las naciones adelantadas constituyen el blanco de las fuerzas desencadenadas” (De Venanzi, 1969).

El camino hacia el progreso y desarrollo era repetir el modelo ejecutado por las naciones desarrolladas, lo que deja muy en claro su aceptación de valores occidentales tradicionales. Pero, siguiendo con la idea de progreso, para estos no se escapaban de la evolución necesaria, pues el camino hacia el progreso era el de la perfección.

La idea que descansaba en las múltiples posibilidades creativas que se expresaban en el alcance de niveles superiores y mejores, el progreso se convertía en una carrera de superación cuyo límite, sería el anhelo de perfección. Si las diferencias son marcadas entre un estadio y otro la superación las etapas se complican. Por tanto, dependiendo de las diferencias presentes en los estadios, el camino hacia el progreso requería de la toma de medidas drásticas, pues de otra forma la posibilidad de subir el escalón se hacía prácticamente imposible. Este razonamiento, aplicado a la realidad venezolana, justifica plenamente la urgencia de llevar adelante una verdadera revolución científica. Esto consistía en la transformación de estructuras atrasadas pertenecientes al pasado y su conversación en nuevas formas o modelos existentes en las naciones desarrolladas.

La razón de la revolución científica está relacionada con las diferencias existentes entre países avanzados y los que aspiran llegar a este estadio. En este sentido, la preocupación de De Venanzi no se limitaba a la distancia ya existente, sino al aumento de la misma.

La tremenda diferencia existente entre la situación de los países avanzados y los que están en vías de desarrollo, y que tiende a acentuarse progresivamente, crea una automática dependencia de estos últimos con respecto a los primeros, con sus secuelas de explotación económica y de control político, de explotación económica y de control político, tal como podemos apreciarlo con claridad en América Latina… Esto ocurre a mostrar el significado vital que posee la revolución científica y tecnológica para nuestros pueblos (De Venanzi, 1969).

La investigación como actividad modeladora de la conducta individual y colectiva fue lo central de su filosofía De Venanzi, “La ciencia en sí misma es neutra en la esfera ética” (De Venanzi, 1969). Ya que, el resultado de la actividad investigativa no conlleva a problemas, sino su virtual aplicación. Es decir sus resultados pueden ser aplicados indistintamente para el bien o para el mal. Como el fin en este caso no era lo importante, De Venanzi hacia énfasis en el medio, es decir, la preponderancia del trabajo, entendido como dedicación a la tarea investigativa (De Venanzi, 1969).

La investigación científica como acto, repetimos, era la clave de la superación moral.

Por su interés central en la búsqueda de la verdad, por su adhesión a los cánones rigurosos que la norman, por su influencia liberadora de prejuicios y concepciones dogmática, constituye un instrumento efectivo de perfección (De Venanzi, 1969).

Reconocemos el amor que sentía por su oficio, asumido constantemente como filosofía y ejercicio de vida. En el caso venezolano, la aplicación de medidas que posibilitarán la concreción de la revolución científica era apremiante. Venezuela decía: “Está dentro del grupo de naciones que aporta al mundo grandes masas de población plenas de necesidades que esperan año tras año las oportunidades de su redención” (De Venanzi, 1969).

Los mecanismos de superación estaban en la influencia positiva que ejerce la ciencia sobre el sujeto que la cultiva. Hace notar su fe en el individuo sobre el colectivo. Pensaba que el influjo de la práctica de la ciencia aliviaba los innumerables sufrimientos de la humanidad, gracias a su acción iluminadora que eliminará mitos y supersticiones y a ofrecer nuevas perspectivas intelectuales. Por tal razón, la confianza en la labor científica como mecanismo de redención individual fue la base de su empeño y la energía que nutrió su confianza en la capacidad de superación humana (Bifano, 2008).

La revolución científica planteada por De Venanzi para Venezuela, debía conducir

Contemplar y realizar el progreso que debía ser asumido ante el gran desafío que quería nuestro tiempo… atender a la liberación de la necesidad y a la vez consustanciarse con los valores fundamentales que tienen significado en la perfección del ser humano (De Venanzi, 1969).

Había un ambiente oposicionista que enfrió su entusiasmo. Una fue la comprensión de la propia idea de la revolución científica, en vista de que siempre ha sido una constante de nuestra historia el uso político dado a la palabra revolución. De Venanzi, decía en el país todos los grupos políticos hablan de revolución, entendida, en un sentido amplio, como la vía de llevar a cabo los cambios sociales, políticos y económicos que permitiesen a la totalidad de la población condiciones de vida justas y adecuadas. Estos cambios no podían ser alcanzados sin un activo proceso de maduración científica y tecnológica (De Venanzi, 1969).

Pretendía que el denominador común prevaleciente en el consenso político fuese, al igual que en los países desarrollados, el avance de la ciencia y de la técnica. Para el contexto socio histórico venezolano asumir este modo de pensar era prácticamente imposible. Su lucha era en intentar sensibilizar a la sociedad venezolana sobre la importancia de la actividad científica y de su fomento. Pero no tuvo éxito, buscó la atención prestada a este campo por los políticos y llamaba a debatir por su importancia.

Hablando en términos genéricos los dirigentes politiqueros no apreciado en sus debidas proporciones el significado crucial del avance científico y tecnológico. En la mayoría de los casos, este proceso constituye tema sustancial de sus inquietudes, ni siquiera esta asimilado a sus planteamientos programáticos. En tanto la llamada revolución nacionalista y democrática se oyen muchos discursos y se leen muchos escritos, y de la revolución científica ni siquiera se habla (De Venanzi, 1969).

A pesar de las dificultades, mantuvo su empeño y ante la urgencia de su sueño revolucionario señaló el camino a seguir en la formación de los recursos humanos que impulsaran la investigación científica.

Debía actuarse de manera enérgica en este sentido para quemar etapas, sin perder de vista la eficiencia y la seriedad en el empeño. Para De Venanzi, “esta labor debe ser un esfuerzo nacional sincero, donde se deponga pasiones y rencillas y la influencia negativa del parroquialismo (De Venanzi, 1969).

En esta lucha, el papel de las universidades era fundamental. Estaba convencido de la necesidad de formar recursos humanos de primer nivel en las ramas científicas y humanísticas. La idea era incorporar y preparar docentes; aplicar un plan de formación y estudio en el exterior a través de la puesta en marcha de un programa de becas. Con ello, se podría, “contar a plazo corto con especialistas en todas las disciplinas requeridas, que den vigencia a los métodos más modernos de productividad y desarrollo” (De Venanzi, 1969).

Se necesita un vector que fuera como una dirección ejecutora, el De Venanzi escribía, hace 50 años, “En el aspecto de la Investigación Científica, estamos todavía más atrasados que en la formación de profesionales. La proporción de científicos es muy reducida y sus labores encuentran frecuentemente incomprensión y obstáculos” (El Nacional, 3 agosto 1965). En la UCV, muchos proyectos de interés presentaron incomprensión y obstáculos. Los proyectos que presentan los profesores a consideración para lograr ayuda, se quedan estancados por la falta de fondos. Una distribución racional y justa de los recursos daría a la investigación un impulso considerable. Hay toda una gama de tipos de investigación cuyo estimulo redundaría en un definido progreso cultural y material para la colectividad. Desde los aspectos más rudimentarios, el establecimiento de normas industriales hasta el estudio de los recursos naturales, los problemas sociales de salud y la investigación desinteresada (Bifano, 2008; Lippo y Ramos, 2022; Hecker, 2010; Roche, 1996).

Un proyecto hecho realidad “contra viento y marea” que se mantiene es el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) (Bianco et alt., 1987; Linares, 1987; Bifano, 1987; APIU et alt., 1988; Salazar, 2022). El CDCH inicia su funcionamiento el 26 de mayo de 1958. De acuerdo con aquella Comisión Universitaria, sobre la base de sus atribuciones tiene la finalidad de estimular y coordinar la investigación en el campo de las Ciencias y las Humanidades. Antes de la formación del CDCH, no había una institución que planificara y coordinara la política científica nacional y/o universitaria. Francisco De Venanzi puso todo su compromiso académico y empeño existencial en iniciar y elevar la actividad científica en la UCV; sobre todo en la docencia apoyada en la investigación, que nació y creció con el CDCH. En el reinicio del año académico 58-59 desglosó sus funciones: (Bifano, 2008; Arends, 1988; Martin et alt., 2005; Martin, 2007).

  • Creación de Institutos de Investigación
  • Recursos para la investigación
  • Suministros para la contratación de Investigadores
  • Fondos bibliográficos
  • Envió al exterior de los becarios
  • Financiamiento de conferencias
  • Estimular las Presentaciones de Carácter Científico

El CDCH organizo (2) dos grupos o comisiones

El CDCH organizo (2) dos grupos o comisiones

La razón de las dos comisiones era estimular y coordinar la investigación en el campo de las Humanidades y de las Ciencias. Mientras que, la función del CDCH y las dos comisiones sería coordinar y planificar las actividades científicas en la UCV tratando de acercar esos dos mundos enfrentados y distanciados: Ciencias vs Humanidades (Bifano; 2008). ¿Quiénes formaban el CDCH? La Autoridad máxima era el Rector y en ausencia el Vicerrector Académico, las Facultades estarían representadas por las comisiones de cada facultad, un principal y un suplente. Su norte la investigación, para asegurar y proyectar la libertad de acción del investigador (Martin, 2007).

Esta libertad de accionar no se complementa con la política oficial de turno, ni tampoco con el ideal del investigador clásico y puro. Por tanto, había necesidad de formar una comunidad lo más rápido posible. Así, orientarla al servicio público. El 28 de junio de 1958 se realizó la primera reunión del CDCH presidida por Francisco De Venanzi (Rector) y los formadores de diferentes facultades: José Melich Orsini, Antonio Moles, J.M Siso Martínez, Fruto Vivas, Guido Bermúdez, Feliz Pifano, Solón Suarez, Werner Jaffe, Francisco Fernández Yépez, José Royo Gómez, y Sara Orestes Rosas.

El primigenio CDCH, se organizó como una comisión; mientras, la nueva Ley de universidades, se firmaba. Inició el trabajo sobre el financiamiento. La dirección y el norte estuvieron a cargo del rector De Venanzi, quien tenía la responsabilidad de desarrollar toda la política científica universitaria, la contratación, programación y control de la actividad científica de la UCV. El fin último, impulsar el desarrollo planificado de la investigación científica.

Los Consejos de Desarrollo Científico y Humanístico se incluyeron con carácter obligatorio en todas las universidades nacionales autónomas en la Ley de Universidades como instituciones de carácter obligatorio.

Mucho tiempo ha pasado, del esfuerzo, los sueños y las pesadillas de Francisco De Venanzi, por nuestras ciencias, método científico y la planificación de la investigación científica.

Fallece en 1987, en plena batalla científica e institucional, dejó la llama encendida del proceso de la ciencia y los velones del método científico. Y así marchó necesitando más tiempo por el tiempo, tal vez sería su verde caballo y él, el Indio Genaro. Para finalizar estas letras sobre Francisco De Venanzi, hago la apología del cuento de Antonio Márquez Salas “El Hombre y su Verde Caballo”. La tierra es su verde caballo, su único y autentico caballo de belfo sangriento. Ella está allí con palabras y flores, con la hierba alta mecidas por los vientos tristes de junio. (Márquez, 1989).

La tierra, su verde caballo sin frontera. Ancho, extensa hasta donde llaman el mar, para él, Genaro, moribundo y para todos hasta las negras hormigas que beben los líquidos que manan de su pierna podrida.

De todos. Todos cabalgarían sobre aquel lomo en la noche intensamente azul, viendo a las estrellas refundirse en el horizonte.

Genaro marcharía entonces, con su pierna sana y firme llevando a su mujer y a sus hijos sobre el lomo de su verde caballo, al encuentro del sol glorioso de la noche. Para De Venanzi la ciencia fue su verde caballo y en 1987 fue al encuentro del sol glorioso de la noche.

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